Cuando pensamos en enseñar inglés, muchas veces lo asociamos con listas de vocabulario, estructuras gramaticales y repeticiones. Pero quienes nos dedicamos a la educación desde un lugar más humano y creativo sabemos que el lenguaje —cualquier lenguaje— se vive, se siente y se construye con sentido. Es ahí donde aparece una conexión hermosa: la enseñanza del inglés y la pedagogía de las hermanas Cossettini comparten una misma raíz profunda.
Las Cossettini, Olga y Leticia, revolucionaron la educación en Argentina con su enfoque basado en el arte, la observación de la naturaleza, la expresión libre y el respeto por el niño como sujeto activo del aprendizaje. Ellas creían en una escuela viva, conectada con el entorno, con la curiosidad, con la sensibilidad.
Ese mismo espíritu es el que guía muchas propuestas actuales de enseñanza del inglés, especialmente en contextos como el nuestro, donde apostamos a que el idioma se aprenda desde el juego, el arte, la exploración y la emoción.
¿Qué tienen en común entonces?
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Un profundo respeto por el proceso natural de aprendizaje.
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La convicción de que la creatividad no es un extra, sino el motor del conocimiento.
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La certeza de que aprender es un acto de libertad, y que la lengua se adquiere mejor cuando se conecta con lo que somos y sentimos.
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Y, sobre todo, una mirada amorosa hacia la infancia, que pone al niño en el centro, no como recipiente, sino como protagonista.
Hoy, cuando enseño inglés desde el juego, la narración, la observación del mundo que nos rodea, no puedo dejar de pensar en ellas. En su legado. En esa escuela que soñaron y que, de alguna manera, seguimos construyendo cada vez que abrimos una puerta al asombro.
¿Y vos? ¿Cómo conectás tu forma de enseñar con esos valores? Te leo en los comentarios. Me encanta descubrir otras miradas que, como la de las Cossettini, siguen sembrando belleza en la escuela de todos los días.